
Y entonces los caminos se cruzan por tiempos siempre limitados y de cierta manera incontrolables. Si es que hemos dejado de caminar al mismo ritmo, es probable que con el paso de los días alguna de nuestras veredas tome un atajo y nos sepamos de nuevo; si tuvimos que andar en direcciones distintas, talvez la realidad dance y nos proponga acompañarnos durante otros pasos. Pero si eso no pasa, si alguna vez pasamos corriendo frente al otro, quizás (y es sólo una posibilidad) después note que tu pasar alteró mi rumbo.



