
Y entonces con la cadencia de un río cuesta abajo, las lágrimas corrieron toda la tarde, acariciando roquitas lisas, y arrastrando hojas de sauces mientras besa sus raíces. Así cayeron la tarde entera, y la noche y la mañana siguiente; y hasta este momento no ha habido nadie que pueda detener el llanto, ni consolar al triste y conmovido cielo.
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