aire. (Del lat. aer, -ĕris, y este del gr. ἀήρ)

viernes, 8 de octubre de 2010
Tras la náusea, tras el vértigo que me hiciera cerrar los ojos, busco a tientas de dónde sostenerme para evitar que mis rodillas choquen violentamente contra el suelo. Mis manos sólo encuentran aire.

De nuevo, sacudiendo los brazos con más desesperación que antes, busco un asidero que me ayude a no caer. Creo que grito, o gimo, o sólo quiero -con todas mis fuerzas- hacerlo. Mis piernas más débiles y ya rastros de sudor agónico sobre la frente; los ojos que todavía no puedo abrir, pero que bien podrían estar en blanco, los brazos convulsos y los tobillos que han cedido. Y en las manos sólo siento el aire.

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