Desde abajo. Casi con los pies en el suelo y pendiendo de la cuerda. Sujeta con las fuerzas que me quedan; las que no se me evaporaron mientras estaba distraída. Quema. El cuerpo es pesado y la cuerda ha soportado ya muchos soles y lunas. No la sueltes. Jala. Subo. Asómate a verme porque estoy esperando verte todavía desde aquí. Cuéntame la historia de “El mejor rescate del mundo” para quererte más. Yo te voy a contar la de “El hombre más mío del mundo”; la de “La mujer más tuya”. Te la voy a gritar desde aquí. Desde mi decadencia que no ha parado de crecer. Talvez porque no quiero.
No te vayas.
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