hojas. (Del lat. folĭa, pl. n. de folĭum)

jueves, 9 de julio de 2009
Y entonces me desplomé. Caí de rodillas sobre la hojarasca y durante muchos minutos no pude levantarme, así que junto con ellos no quedó más remedio que jugar con las hojas que durante casi cuarenta años habían caído de los árboles. Moverlas, levantarlas, cambiarlas de lugar.

Poco a poco quitábamos decenas de hojas secas, y yo recuperaba la fuerza en las piernas al tiempo que quedaba al descubierto el lugar donde pensamos haber enterrado a un muerto. Al final me levanté, canté y corrí contenta, pues debajo de las hojas, todo estaba lleno de flores.

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